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Estar cuerdo en un manicomio


Gracias a los que han enviado sugerencias. Bandolier ha elegido un artículo publicado hace 25 años que merece una relectura. Examina las actitudes norteamericanas hacia la salud mental – probablemente hayan cambiado- y, aunque no es directamente relevante con respecto a la práctica actual en el Reino Unido, su filosofía mantiene firmemente los pies en la tierra.

Estar cuerdo en un manicomio

Sí, todos nos hemos sentido así en alguna ocasión. Pero el estudio de esta revista de Stanford [1] fue un poco diferente. Ocho personas sanas (un grupo variado, desde un psicólogo diplomado en la veintena, tres psicólogos, un pediatra, un psiquiatra, un pintor y un ama de casa) consiguieron ser admitidos en 12 hospitales psiquiátricos en cinco estados de los Estados Unidos, en las costas Este y Oeste. Todos ellos alegaron "pseudo-síntomas" y los que trabajaban en salud mental fingieron tener otros trabajos. Su presencia pasó desapercibida para el personal del hospital.

Ninguno fue descubierto

Básicamente los falsos pacientes solicitaron una cita en el hospital, se quejaron de oír voces, pero no hicieron ningún otro cambio significativo en su biografía. Excepto uno, todos fueron admitidos con el diagnóstico de esquizofrenia.

Los pseudopacientes dejaron de simular cualquier síntoma inmediatamente después de la admisión y, aparte de un comprensible nerviosismo, se comportaron con normalidad. Tomaron abundantes notas de lo que ocurría en las salas.

A pesar de su despliegue público de cordura, los falsos pacientes nunca fueron detectados por el personal médico o de enfermería y fueron dados de alta (después de entre 7 y 52 días con una estancia media de 19 días) con el diagnóstico de esquizofrenia "en remisión". Los pacientes reales tuvieron mejor ojo clínico para descubrir a los pseudo-pacientes – 35 de 118 compañeros sospecharon de los falsos pacientes.

¡Podría suceder aquí!

Dos hospitales que tuvieron noticia del hecho dudaban que tal error pudiera suceder allí. Así que se informó al personal de que durante los tres meses siguientes uno o más falsos pacientes intentarían ser admitidos. Se le pidió a cada miembro del personal que evaluara en admisión la probabilidad de cada candidato de ser un pseudo paciente. Se obtuvieron datos de 193 pacientes:

  • 41 pacientes (21%) fueron clasificaron con una gran confianza al menos por parte de un miembro del personal como falsos pacientes
  • 23 pacientes (12%) fueron considerados sospechosos por, al menos, un psiqiatra.
  • 19 pacientes (10%) fueron considerados sospechosos por, al menos, un psiqiatra y otro miembro del personal.


En realidad no se presentó ningún falso paciente durante ese periodo.

Da qué pensar

Los resultados dan bastante qué pensar. Leer todos los comentarios sobre los detalles de los procesos y del tratamiento es escalofriante. Ciertamente, le hace a uno pensar sobre la exactitud de los diagnósticos (como señalaba Bandolier en el número 37 sobre el melanoma maligno). Incluso un servicio de cuidados, como el sistema nacional de salud, debería recordar este mensaje de vez en cuando.

Referencias:

  1. DL Rosenhan. On being sane in insane places. Science 1973 179:250-8.

Traducido por Julio Cesar Martín García-Sancho.Psicológo. Murcia

url original: htpp//www.jr2.ox.ac.uk/bandolier/band39/b39-8.html